María Elena Walsh

 

 

   
 

 

 
 

 

 

 
 

 

 
 

 

 

 

Los ejecutivos

Los hermafroditas

Los marineros de España

Madrigal blanco

Magoya

Manubrio azul

Manuelita la tortuga

Marcha de Osías

Marcha del Rey Bombo

Martín el Pescador y el Delfín Domador

Mediodía

Milonga de las invasiones

Milonga del hornero

Miranda y Mirón

Mis ganas

Nada más

Necrológica

No mires fotografías

Oración a la justicia

Orquesta de señoritas

Paisaje de elegía

Palomas de la ciudad

Para los demás

Paraísos

Plegaria desvelada

Postal de guerra

Queda tan lejos

¿Quién?

Réquiem de madre

Sábana y mantel

Sapo Fierro

Serenata para la tierra de uno

Si se muere la zamba

Sin señal de adiós

Sonríe: El Diablo te ama

Soy jardinero

Taximetrero

Tema del angelito

The kana

Tralalá de Nochebuena

Trínguiti Tránguiti

Twist del Mono Liso

Vals del diccionario

Vals municipal

Vidalita de los Reyes

Vidalita porteña

Viento sur

Zamba de los días

Zamba del niñito

Zamba para Pepe

 

Eva

(María Elena Walsh)

I.

Calle
Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles con crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla “amemonós”.

Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte más muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjugadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.

Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lágrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la república de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.

Días de julio del 52
¿Qué importa dónde estaba yo?

II.

No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia,
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para defender a muerte.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cánones.

 

 

 

 

 

Inicio

 

A ver

Al divino botón

Alba de olvido 

Angelito

Angelito mexicano 

Aria del Salón Blanco

Así es

Baguala de Juan Poquito

Balada de adolescencia 

Balada de Cómodus Viscach

Balada de Hormigón Armado

Balada de Julián Cardoso

Balada de la mariposa

Balada del bebenauta

Balada del desertor

Balada del ventarrón 

Barco quieto

Calles de París

Campana de palo

Canción de bañar la Luna o [Japonesa]

Canción de caminantes

Canción de costurera

Canción de cuna para un gobernante

Canción de cuna perruna

Canción de la lavandera

Canción de la monja en bicicleta

Canción de la vacuna

Canción de las manzanitas

Canción de prisionera

Canción de títeres

Canción de Titina

Canción de tomar el té

Canción del correo

Canción del estornudo

Canción del jacarandá 

Canción del jardinero

Canción del pescador

Canción del último tranvía

Canción dibujada

Canción neurótica

Canción para comer puré

Canción para vestirse

Canción robada

Canción tonta

Cantar canciones

Chacarera de los gatos

Chamarrita de Colonia 

Codo enyesado

Como la cigarra

Coplas de Navidad 

Cosas

De mis tiempos 

Dejen vivir

Desastres

Diablo, ¿estás?

Dienteflojo

Don dolón dolón o [La señora Noche]

Don Enrique del Meñique

Don Fresquete

Doña Disparate

Dónde están los poetas 

Educación sexual 

El 45

El adivinador

El árbol de guitarras

El buen modo

El charango

El cisne que ladra

El diablo inglés

El gato Confite

El juglar

El mono moto loco

El país de la geometría

El pañuelito

El pastel de pajaritos

El perro loquito

El pez tejedor

El Reino del Revés

El señor Juan Sebastián

El señor Otoño

El señor Ravel

El show del perro salchicha

El Sol no tiene bolsillos

El valle y el volcán 

El vendedor de sueños

El viejo varieté

En el país de Nomeacuerdo

Endecha española

Estaciones

Eva

Fideos finos

Gilito del Barrio Norte

Historia de una Princesa, su papá y el Príncipe Kinoto Fukasuka

Juancito Volador

La bruja

La Calle del Gato que Pesca

La canción de la sirena 

La ciudad de Brujas

La clara fuente 

La escuela de ratones

La familia polillal

La feminista

La Juana

La mona Jacinta

La oportunidad

La paciencia pobrecita 

La Pájara Pinta

La Plapla

La ratita Ofelia

La Reina Batata

La sirena y el capitán

La vaca estudiosa

Lancero de bengala

Las aguasvivas

Las estatuas

Lengua filosa

Londres

Los amigos

Los castillos

 

 

 
 

María Elena Walsh

 

 

 

godaddy analytics